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Fragmento de texto Mª Luisa Sobrino Imprimir E-Mail

     La obra de Yolanda Ferrer. se presenta a través de un proceso aparentemente claro como un trabajo que se ha ido desenvolviendo a traves de sucesivos pasos e intereses que guían a la artista en estos últimos años. Iniciada en la pintura y escultura. la vida de Yolanda (Granada 1950) se desenvuelve en distintas ciudades españolas hasta afincarse en A Coruña,  donde  encuentra en la fotografía  un aliado de primera categoría para sus exigencias expresivas.      Aunque Yolanda ha fotografiado un variado tipo de temas,  desde los ultimos años se vino centrando en un conjunto de series  que planteándo un ejercicio entre conceptual y estético, buscan transcender las imágenes materiales en referencias  espirituales  y anímicas.

HETEROFOBIAS, SUEÑOS, OBSTACULOS, son algunas de ellas y, las mas reciente, “Moradas” que ahora presenta,  se inscriben en ese  programa temático que ha ido pasando por un proceso de depuración y de sutilezas no sólo en el aspecto formal sinó en  la penetración de unos códigos que tienen tanto que ver con la belleza como con el contenido profundo de esos espacios mágicos y en latencia que crea en sus  recientes fotografías. Las Moradas son fruto indudable de una riqueza de procedimientos, de encuadres e instancias de presentación,  y sobre todo del poder de la luz que surge desde el fondo mismo de la imagen contribuyendo a esa capacidad para transformar en lenguaje fotográfico las intuiciones, los sueños y en fin aquellos hechos que en palabras de Santa Teresa “ni el entendimiento sabe entender, ni las comparaciones pueden servir para declararlos porque son más bajas las cosas de la vida para este fin.”. Sus moradas son cálidos y deslumbrantes cubiculos que dejan entrever bajo las envolturas de seda la actividad de la crisalida mortal que los habita, esa especie de oruga de apariencia femenina que acaba instando por salir, para volverse pronto mariposa. Son especialmente interesantes los polipticos: Mural nº 1, Quinta Morada (constituido por 12 fotografías) y, en especial el Mural nº 2,  Quinta Morada (constituido por 16 fotografías) donde se  registran diversos instantes de esa portentosa metamorfosis de muerte y renacimiento que sufre el alma. Construir el capullo para morir en él, como cuenta la santa en ese particular “libro de oración” que fueron las Moradas. Inspirada en esta accesis espiritual, Yolanda Ferrer refleja la experienca mística en las imágenes imprecisas que componen sus murales o sus fotografías sueltas. Lo hace en apariciones veladas por las sedas, por los focos de luz que parten desde dentro y crean entre lo que dejan ver y lo que ocultan,  la génesis misma de la imagen. Su modo de trabajo artesanal, es extremadamente cuidadoso, así como los procedimientos de revelado que utiliza (Sistema Lamba) contribuyendo a la construcción de ese espacio especial que es sobre todo el de una casa onírica. Porque la idea de morada nos lleva también a la idea de nido, de agujero. A la idea de paisaje secreto que todos llevamos dentro: el que Yolanda Ferrer nos invita explorar a través de la belleza de sus imágenes.                                                         

  Mª LUISA SOBRINO                                                                                             

CATEDRATICA DE HISTORIA DEL ARTE CONTEMPORANEO                                                           

DE LA UNIVERSIDAD DE SANTIAGO DE COMPOSTELA

 
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